lunes, 20 de junio de 2011

Otoño



      El sol se ha callado
  Caen los párpados de la noche
      Se abren las bocas del misterio
  Se duerme el viento en las huellas de los árboles
      Oíd, viejos niños, ha llegado el tiempo
  El abuelo nace sin voz para contar el cuento
      Oíd, jóvenes adustos, ha partido la muerte
  El retoño le canta a la luz para llorar de viejo:


      El cielo tiene alas
  La luna tiene ojos
      La tierra tiene pies
  El hombre tiene manos
      La mujer tiene boca
  El agua tiene tiempo
   
      La voz tiene canto
  El árbol tiene pájaros
      La boca tiene oreja
  La mujer tiene risa
      El hombre tiene ganas...
  Y el sol tiene calor!


      El árbol tiene maceta
  El agua tiene botella
      El pájaro tiene jaula
  El hombre tiene pena
      La mujer tiene miedo
  La historia tiene silencio

      El árbol tiene desmonte
  El agua tiene cianuro
      El hombre tiene jaula
  La mujer tiene silencio
      La tierra tiene alambre
  Y el sol tiene frío.

 
      Ahora bien, yo me pregunto
  Y la pregunta me pregunta a mí
      ¿Qué, qué, qué
  Por qué, dónde, cuándo
      Nos ha arrebatado la dulzura?
  Cómo.


Paisano de la luna, subamos a la orilla
Que se oye el eco de todos los tiempos


      Los violines del desencuentro dicen lo suyo
  Al tañir de los pájaros
      Y la música se pasea por los techos
  Se ciñe la espuma al farallón de la noche
      Ya los viajeros se han marchado
  Derribemos, entonces, las ventanas
      Abiertos a la intemperie
  Dejémonos atravesar por las lanzas de la vida.


      El otoño tiene otra forma de manifestarse:
  Las hojas de los árboles siguen vivas
      Desafiando de rojo al infinito
  Hacen el amor con el viento.


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